Posts Tagged: William Gibson


27
sep 10

El empuje del hacker, en la base de las redes distribuidas

Después de leer Días verdes en Brunei de Bruce Sterling, Mundo Espejo de William Gibson y ver los vídeos sobre la historia del software libre y el papel de Otpor! en derrotar a Milosevic, empiezo a ver la ética hacker por todas partes. Se me viene a la mente cuando Juan Urrutia pide empuje en lugar de liderazgo, cuando David piensa sobre las bases conceptuales de un software que apoye los procesos deliberativos y cuando veo a un amigo funcionario extrañarse de que no haya entusiasmo por la huelga general.

Así predispuesta, cuando llego a La ética del hacker y el espíritu de la era de la información de Pekka Himanen, de repente tengo claro que la cultura del hacker, o del bricoleur, es el sustrato mismo del que pueden surgir las redes distribuidas. Porque, como dijo David hace ya bastantes años, la tecnología no conduce necesariamente a ningún lugar. Son las personas. No el estado, ni las empresas. La ética hacker nos recuerda una y otra vez que la unidad básica de cualquier cambio social real son las personas con voluntad propia.

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17
sep 10

Ya no basta con encajar en el papel

Leo en El capitalismo que viene que la globalización pone en juego la institución sindical haciendo que sus finalidades y objetivos alcanzables no queden nada claros. Añade Juan Urrutia que la épica sindical de lucha de clases está dando paso a una épica antiglobalista, su ética de solidaridad a otra ética «menos de clase y más de identidad» (nacional, de género u otras identidades imaginadas como la humanidad) y pienso lo bien que se ve todo esto en un reciente manifiesto para sumarse a la huelga general del 29 de septiembre de 2010.

El manifiesto, buen ejemplo de varias de las ideologías de la descomposición, es un texto tan decimonónico como lo es también el Estatuto de los trabajadores.

Entre los papeles residuales que en el nuevo escenario de producción les queda a los sindicatos, los del manifiesto asumen competencias más bien oenegistas. Del otro papel que menciona Juan Urrutia en su libro, el de velar por el buen funcionamiento del modo de producción preocupándose de la verdadera competencia y del buen gobierno de las empresas, no veo rastro. Pero seguiré buscando.

Ayer me apunté estas frases de Mundo espejo:

Este negocio nuestro se está haciendo más pequeño. Como muchos otros. Va a haber menos jugadores. Ya no basta simplemente con encajar en el papel y cultivar una actitud.

En lugar de encajar en el papel, toca la responsabilidad individual y en lugar del cultivo de una actitud, la interacción.


25
ago 10

El único juego en la ciudad

Hoy temprano he terminado Neuromante, la primera novela ciberpunk (las de hasta ahora eran relatos) que he leído. Casi podría decir la primera novela de ciencia ficción que he leído aparte de Soy leyenda de Richard Matheson y la primera de la serie Dune de Frank Herbert.

Y me ha costado. Me ha costado porque echaba de menos una buena contextopedia sobre ella y porque lo leí en inglés, que supone más disfrute pero también más esfuerzo.

Ha sido, además, uno de los primeros textos distópicos sobre la tecnología que he leído. Pero es que eso de que tener un único juego en la ciudad no puede acabar bien, no lo tenía del todo claro hasta hace poco.

Se me han juntado muchos “primera vez” aquí – por eso costó.

Como ya le ocurrió a Manuel, he vuelto a reconocerme ciborg gracias a que, como bien comenta Iván, Gibson no deja de mostrar la humanidad que hay detrás de estas criaturas. El simstim, por ejemplo, me tiene captivada. Me encanta la reflexión de Molly acerca de este cacharrito con el que Case puede percibir desde la distancia todo lo que ella percibe a través de sus sentidos (aumentados, cabría añadir).

I like it, you know? Like I’ve always talked to myself, in my head, when I’ve been in tight spots. Pretend I got some friend, somebody I can trust, and I’ll tell ‘em what I really think, what I feel like and then I’ll pretend they are telling me what they think about that, and I’ll just go along that way. Having you is kinda like that.

Me encanta, claro, porque yo también hablo conmigo misma. Pero puesta a preferir, prefiero la deliberación.

Al tratar de explicar qué y cómo son las inteligencias artificiales que manejan los hilos, Gibson se acerca a lo que Hakim Bey, más tarde, denominaría, Zonas Temporalmente Autónomas o bien saca su lado ¿situacionista?

I try to plan, in your sense of the word, but that isn’t my basic mode, really. I improvise. It’s my greatest talent. I prefer situations to plans, you see… Really, I’ve had to deal with givens.

Con el grandioso plan de la creación de inteligencias artificiales entra en la historia el eterno deseo de un único Dios que se haga responsable, en última instancia, de todo. Es momento de recordar los peligros de la mirada universalista (y a madame Blavatsky).

She was quite a visionary. She imagined us in a symbiotic relationship with the AIs, our corporate decisions made for us. Our conscious decisions, I should say. Tessier Ashpool would be immortal, a hive, each of us units of a larger entity. Fascinating.

Tampoco faltan nuevos – y oscuros – destellos de Barabási, especialmente de su nuevo libro Bursts.

I saw her death coming. In the patterns you sometimes imagined you could detect in the dance of the street. These patterns are real. I am complex enough, in my narrow ways, to read those patterns.

Aparte del Flatline, los que más humor aportan a la narración son los rastas de la colonia espacial de Zion, una atractiva metáfora de comunidad con economía autónoma.

Me gusta mucho la solución antiespiritual que Gibson da al porqué, al objetivo de las inteligencias artificiales. Por eso, me permito terminar el post con uno de sus geniales diálogos:

“I’m the matrix, Case.”
“Where’s that get you?”
“Nowhere, everywhere. I’m the sum total of the works, the whole show.”
“That what 3Jane’s mother wanted?”
“No. She couldn’t imagine what I’d be like.”
“So what’s the score? How are things different? You running the world now? You God?”
“Things aren’t different. Things are things.”
“But what do you do? You just there?”
“I talk to my own kind.”
“But you’re the whole thing. Talk to yourself?”
“There’s others, I found one already.”
“From where?”
“Centauri system.”
“Oh, yeah? No shit?”
“No shit.”


23
ago 10

Alta tecnología, bajos fondos

Estos días me he sumergido en el mundo hacker de finales de los ochenta a través de las películas 23 y The KGB, the Computer and me, dos caras de la misma historia, la de uno de los primeros hackers de Alemania de Oeste. En el hackeo de bases de datos, Karl Koch encontró reconocimiento pero la cosa se le fue de las manos entre trabajos para el KGB, la cocaína, la policía del estado y el sistema mediático. El subtítulo de 23, «nada es lo que parece», podría ser el antecesor – dado que todavía transmite más paranoia que empoderamiento tecnológico – de los primeros esloganes del movimiento ciberpunk: «la información quiere ser libre» y «bajo toda arquitectura informacional se oculta una estructura de poder».

Si la segunda película muestra, en la figura graciosa del astrónomo, una identidad nacional naif, una relación paternalista entre estado y ciudadano bien asentada, el hacker Karl Koch forma más bien parte de «la tripulación pirata de perdedores, buscavidas, parias, marginados y lunáticos» es decir, de los punks empoderados con la tecnología, los hackers y ciborgs de los relatos de ciencia ficción de William Gibson, para los que hackear era, a menudo, crackear. «Alta tecnología, bajos fondos» he leído en algún sitio. Los protagonistas de los relatos de Gibson son instrumentos en las maquinarias entrelazadas de estados, paraestados y corporaciones. Instrumentos tecnológicos, eso sí, pero que pocas veces tienen la oportunidad de reafirmarse como personas.

De personas-instrumentos está repleta también otra serie de relatos que estoy leyendo estos días: los que reunió Alfredo Grimaldos en su libro La sombra de Franco en la transición. Para escoger sólo uno, está el que se titula «Operación Mallorca». 1978, Argel. Intento de asesinato del líder independentista canario, financiado por compañías aseguradoras alemanas y organizado desde el Ministerio del Interior de España. Los protagonistas, aparte del estado y las aseguradoras, son confidentes de policía, dobles agentes, personajes marginales turbios y el ambiente, a menudo «de policías de paisano, chulos, prostitutas y lumpen». Aunque carentes de medios tecnológicos, no dejan de parecerme a la «tripulación» de Gibson. Lo cual hace que los relatos de éste me parezcan realmente creíbles.

Lo dice Bruce Sterling en la introducción de Quemando Cromo, la colección de relatos de Gibson:

El triunfo de estas historias radica en la evocación, brillante y autónoma, de un futuro creíble.

Un futuro que se hizo presente (y creíble), por suerte, no sólo con el empoderamiento tecnológico de estados y corporaciones. En 2002, el movimiento ciberpunk, ya más allá de esloganes y épica cracker, en plena etapa de ciberactivismo, consiguió, por ejemplo, romper el bloqueo informativo alrededor de la catástrofe del Prestige, bloqueo, por cierto, orquestado por el mismo individuo que la mencionada «Operación Mallorca».